
CEDESEX desarrolla el curso virtual gratuito “Liderazgo LGBTI: Herramientas teórico-prácticas para el activismo LGBTI”
junio 17, 2026Escrito por Yermeyn York Wuyke[1]
Socióloga y Licenciada en Educación de la
Universidad Central de Venezuela.
Master in Social Work, China Women’s University.
Maestría en Ciencias de la Educación,
Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez.
Doula de parto.
“¡Qué cara tan seria, dame una sonrisa!”, “ay, qué delicada, no te tienes por qué ofender”, “no sabes de lo que hablas, total, mujer, tenías que ser”.
Estas frases, que a menudo se disfrazan de cordialidad o de autoridad técnica en los espacios educativos, representan las primeras alarmas de un entorno moldeado por el sexismo. Cuando la persona que facilita desde su posición de poder exige a su audiencia (especialmente a mujeres, adolescentes o niñas) modificar su lenguaje corporal para encajar en el estereotipo de lo “normal” o «agradable», está asumiendo erróneamente que el cuerpo y la actitud de quienes participan en esta interacción están al servicio del entretenimiento o la complacencia ajena.
Del mismo modo, cuando se interrumpen o desestiman las ideas de quienes desafían la comodidad o el statu quo del grupo, se activa un mecanismo de invisibilización que refuerza roles de género tradicionales profundamente asimétricos: aquellos donde los hombres y su representación de lo masculino y del poder, poseen «carácter» y las mujeres desde lo “femenino/débil/sumiso” simplemente deben «calmarse». Esta dinámica se agrava cuando, ante la legítima acción de marcar un límite o señalar una microagresión, la respuesta del entorno es etiquetar a quien alza la voz como parte de una “generación de cristal”, tachándola de «intensa» o «hipersensible». Detrás de esta ridiculización no hay más que un castigo social que reactiva el viejo mandato patriarcal del “calladita más bonita”.
Frente a este escenario, nos preguntamos: ¿cómo se han naturalizado estas violencias en espacios destinados, teóricamente, a la emancipación del ser humano?; ¿de qué manera las estructuras de poder se “disfrazan” en el quehacer diario de las aulas y los talleres?; ¿por qué tendemos a reducir el acto educativo a una mera ejecución de dinámicas, ignorando el trasfondo ideológico que transmitimos?
Para responder y romper con este ciclo, la práctica educativa debe comprenderse en su complejidad científica y operativa: al asumir la pedagogía como la ciencia de la educación que piensa, cuestiona y problematiza el hecho educativo, y a la didáctica como la disciplina fundamental encargada de la transmisión significativa de esos contenidos, se comprende que una no puede existir sin la otra. Por lo tanto, no basta con el mero manejo técnico de estrategias didácticas si estas no responden a un enfoque pedagógico profundamente reflexivo e interseccional.
Debemos cuestionar nuestro rol en el proceso de facilitar y deconstruir activamente los sesgos conscientes e inconscientes de género, edad, raza, condición socioeconómica, origen étnico y geográfico. Esta necesidad se hace evidente cuando levantamos el velo de lo que ocurre tras bastidores en las instituciones formativas, donde la desigualdad de género se reproduce de manera silenciosa pero sistemática.
En este punto la teoría del currículo oculto cobra un valor fundamental, ya que identifica elementos de socialización basado en la reproducción de los roles de género tradicionales y otorgando atributos sexistas desde los espacios de formación más incipientes: “permite develar que la escuela no era solamente un espacio reproductor del currículo formal, sino que también existía como una pequeña comunidad con intereses muy específicos que responden precisamente al lugar y al momento en el que se desarrollan”(Ortiz, s/f, p.32).
Al comprender que estos hilos invisibles perpetúan asimetrías de poder y adjudican atributos sexistas desde la infancia, entendemos que el reconocimiento y respeto absoluto a la diferencia es la única base fundamental sobre la cual la pedagogía y la didáctica pueden aliarse para transformar esa «pequeña comunidad» y promover verdaderos espacios de igualdad.
Hacia una didáctica emancipadora no sexista y con perspectiva de género
Para desmantelar las estructuras discriminatorias del currículo oculto, la praxis didáctica y los procesos de facilitación deben apoyarse en enfoques epistemológicos donde el protagonismo sea compartido, horizontal y libre de sesgos androcéntricos. En este sentido, asumir la educación con perspectiva de género como una estrategia metodológica resulta indispensable, entendiéndose esta como un proceso destinado a hacer que las preocupaciones y experiencias de todas las personas sean un elemento integrante a fin de que se beneficie a todas por igual y se deconstruyan las prácticas de desigualdad.
Asumir una práctica no sexista con perspectiva de género va más allá del manejo técnico o el discurso políticamente correcto; exige que quien facilita renuncie a las relaciones verticales de poder, desde la preparación profesional y emocional, pasando por las estrategias didácticas aplicadas y su efecto en las audiencias. Por lo tanto, una facilitación transformadora requiere de un riguroso proceso de deconstrucción psicoemocional mutuo —de quien aprende y de quien comparte el saber— para visibilizar, identificar y superar de raíz las brechas de la desigualdad.
Solo así, transformando los espacios de aprendizaje en un espacio de resistencia frente al mandato patriarcal, la didáctica se convierte en una práctica cultural transformadora, emancipadora y firmemente basada en el reconocimiento pleno de los derechos humanos.
Referencias bibliográficas
Cabello Martínez, M.J. y Martínez Martín, I. (2017). Aportes teóricos de la perspectiva de género en la mejora de la educación de las niñas en África.
Cornbleth, C. (1998). ¿Más allá del currículo oculto?
Fischetti, N. y Alvardo, M. (2015) Inscripciones feministas. Notas críticas sobre la (re) producción del conocimiento. Revista Venezolana de Estudios de la Mujer N° 45, Vol. 20.
Gargallo, F. (2008). El feminismo y la educación en y para nuestra América. Revista Venezolana de Estudios de la Mujer N° 31, Vol. 13.
Gómez Blanco, L. (2010). Lentes de Género: lecturas para desarmar el patriarcado. Serie Derechos Humanos No. 1 Género y Derechos de las Mujeres. Caracas. Fundación Juan Vives Suriá, Defensoría del Pueblo de Venezuela.
Ortiz, F. (s/f). Currículo Oculto y Género.
Segato, R. (2003). Las estructuras elementales de la violencia. Ensayos sobre género entre la antropología, el psicoanálisis y los derechos humanos. Buenos Aires. Universidad Nacional de Quilmes.
[1] Descargo de responsabilidad: cualquier opinión expresada en este documento refleja el punto de vista de la autora y no representa necesariamente la posición del Fondo de Población de Naciones Unidas.




