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junio 2, 2025Cada 1º de mayo se conmemora el Día Internacional del Trabajador (y las trabajadoras), una fecha para recordar las luchas obreras y los derechos conquistados a lo largo del tiempo.
Pero también es una oportunidad para visibilizar aquellas reivindicaciones que aún siguen pendientes -especialmente para las mujeres- en un sistema laboral históricamente diseñado sin su participación activa en mente.
Un mercado laboral que sigue siendo desigual
Aunque las mujeres han demostrado con creces su capacidad, talento y compromiso en todos los sectores productivos, continúan enfrentándose a múltiples barreras, entre ellas:
- Brecha salarial de género
Según datos recientes de la Organización Internacional del Trabajo
(OIT), las mujeres ganan en promedio un 20% menos que los hombres por trabajos equivalentes. Esta desigualdad se acentúa cuando intersecciona con otros factores como raza, etnia, orientación sexual o identidad de género.
- Techo de cristal
Muchas mujeres altamente capacitadas no acceden a cargos de liderazgo o toma de decisiones. Permanecen en niveles medios o bajos, no por falta de mérito, sino por estructuras patriarcales que aún impiden su ascenso profesional.
- Suelo pegajoso
Este concepto refleja cómo las mujeres suelen quedar atrapadas en empleos mal remunerados, de baja visibilidad y sin posibilidades reales de crecimiento. Son ellas quienes en su mayoría asumen trabajos de cuidado, limpieza o atención al público, los menos valorados del sistema.
- Acoso laboral y violencia simbólica
El entorno de trabajo no siempre es seguro para todas. Muchas mujeres enfrentan acoso sexual, hostigamiento y comentarios misóginos que se naturalizan o minimizan, perpetuando una cultura del silencio.
El trabajo no remunerado: la gran deuda
Además de su trabajo formal, las mujeres sostienen una gran parte del trabajo no remunerado: el cuidado de hijas e hijos, personas mayores, enfermas o con discapacidad, y las tareas del hogar.
Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en nuestro continente las mujeres dedican tres veces más tiempo que los hombres a estas labores. Esta carga no solo limita su participación laboral, sino que afecta su salud, su independencia económica y su desarrollo personal.
Para que el mundo del trabajo sea verdaderamente inclusivo y justo, necesitamos:
Políticas de corresponsabilidad: Licencias parentales igualitarias, horarios flexibles y servicios públicos de cuidado que permitan compartir responsabilidades entre géneros.
Igualdad salarial efectiva: Mecanismos de fiscalización y transparencia en los sueldos, y sanciones reales para quienes incumplen.
Ambientes laborales seguros e inclusivos: Protocolos de prevención y atención al acoso laboral y sexual, con enfoque transformador de género y diversidad.
Acceso equitativo a puestos de decisión: Fomentar la participación de mujeres en cargos de liderazgo y representación sindical.
Un compromiso colectivo
Las reivindicaciones laborales de las mujeres no son un tema aislado ni exclusivo de un sector. Tienen que ver con los derechos humanos, con la dignidad, con la posibilidad de construir sociedades más justas y equilibradas.
Y esto solo será posible si el compromiso es de todos los sectores, que involucra el Estado, las empresas, los sindicatos, y también la ciudadanía.
Este 1º de mayo, desde CEDESEX, alzamos la voz por todas las mujeres que trabajan -dentro y fuera de sus hogares- y exigimos condiciones laborales que respeten su autonomía, su tiempo, sus decisiones y su cuerpo.
Porque trabajar con dignidad no es un privilegio: es un derecho.
Equipo CEDESEX




