
Ciberacoso y violencias digitales: cómo enfrentarlas desde los derechos
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Defensa de los derechos humanos en la actualidad
diciembre 2, 2025La violencia sexual atraviesa la vida de millones de personas en todo el mundo y, con especial crudeza, la de mujeres, niñas, niños, adolescentes y poblaciones LGBTIQ+ en América Latina.
Hablar hoy de sexualidad sin el eje del consentimiento es hablar a medias: el consentimiento es la línea que separa un acto sexual libre de un delito, y sin embargo su reconocimiento jurídico, social y cultural sigue siendo incompleto.
En las próximas líneas fortaleceremos la importancia del consentimiento, qué barreras existen para su reconocimiento efectivo, qué reformas se impulsan en la región y qué políticas -educativas, judiciales y comunitarias- resultan más eficaces para transformar la realidad.
¿Qué entendemos por violencia sexual y por consentimiento?
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la violencia sexual como “todo acto sexual no consentido, o intento de obtener un acto sexual por la fuerza, la coacción, la manipulación, el chantaje o la amenaza” y la sitúa como uno de los principales problemas de salud pública (OMS, 2024). En términos prácticos, la violencia sexual incluye desde la agresión física con contacto genital hasta el abuso sexual sin penetración, el hostigamiento sexual, la explotación y la coerción reproductiva (UN Women; WHO).
El consentimiento, en tanto, es la manifestación libre, entusiasta, informada y reversible de la voluntad de una persona para participar en una actividad sexual. No puede darse bajo coacción, intimidación, intoxicación, engaño, ni cuando la persona no esté consciente o tenga una incapacidad jurídica o de hecho para decidir (OAS / MESECVI). Entender el consentimiento como principio central -y no como elemento accesorio- transforma la forma de investigar y juzgar una agresión sexual: ya no se pregunta si hubo resistencia física, sino si hubo una afirmación libre de la voluntad (OAS).
Magnitud del problema en la región
Los datos muestran la dimensión del desafío. A nivel global, casi una de cada tres mujeres ha sufrido violencia física o sexual a lo largo de su vida (OMS, 2025). En América Latina y el Caribe, las estimaciones más actuales confirman que la violencia contra las mujeres permanece en niveles alarmantes: una de cada cuatro mujeres en edad reproductiva ha experimentado violencia física o sexual por parte de su pareja, y una proporción considerable ha sufrido agresiones de terceros (PAHO / WHO). Estas cifras revelan tanto la prevalencia del problema como la magnitud del trabajo pendiente para garantizar el derecho a una vida libre de violencia (OMS).
El debate jurídico: coerción versus consentimiento
Históricamente, muchos códigos penales en América Latina definían el delito de violación en términos de violencia o intimidación: el foco estaba en la presencia de fuerza física, en la resistencia de la víctima o en el uso de amenazas. Ese enfoque -conocido como “coercion-based” (basado en la coacción)- obliga a que la víctima pruebe que opuso resistencia o que hubo violencia explícita, lo cual revictimiza y encubre muchas agresiones en contextos de control emocional y manipulación (Equality Now; ParlAmericas).
Una reforma clave que proponen organismos y activistas es pasar a un enfoque “consent-based” (centrado en el consentimiento): la ausencia de consentimiento -y no únicamente la existencia de violencia física- sería el elemento definitorio del delito. Esa transición legal ya se dio en algunos países de Europa (por ejemplo: España con la ley “solo sí es sí”) y es objeto de discusión y presión en parlamentos y foros latinoamericanos (The Guardian; ParlAmericas). Sin embargo, la adopción generalizada de esta perspectiva choca con resistencias jurídicas, culturales y políticas en varios Estados de la región. (The Guardian).
Barreras para la acreditación y la justicia
Aunque la evidencia de violencia sexual es abundante, las tasas de denuncia y condena son muy bajas. Entre las barreras principales están:
- Mitos y estereotipos sobre la víctima: creencias que cuestionan la veracidad de la denuncia, juzgan la forma de vestir, la orientación sexual o la conducta previa.
- Pruebas forenses tardías o insuficientes: en muchos casos la víctima llega tarde al servicio médico o no recibe una cadena de custodia adecuada de evidencias.
- Sistemas judiciales poco formados: fiscales y jueces a veces interpretan la ley desde el paradigma de violencia física, no desde el del consentimiento.
- Normalización de la violencia y falta de confianza institucional: culturas que minimizan la gravedad del abuso o responsabilizan a la víctima y con ello reducen las denuncias.
Informes y revisiones de la región subrayan que sin capacitación judicial, protocolos sanitarios sensibles al género y servicios de apoyo integral, la reforma legal por sí sola no garantiza justicia (OAS / MESECVI; PAHO).
Impactos: más allá de lo físico
La violencia sexual deja huellas en la salud física, mental y sexual de las personas. Ansiedad, depresión, estrés postraumático, trastornos sexuales y problemas en la reproducción son consecuencias documentadas. Las rutas de recuperación que combinan atención médica, apoyo psicológico, asesoría legal y reparación social muestran mejores resultados; sin embargo, el acceso a estos servicios es desigual y muchas sobrevivientes no reciben atención adecuada (OMS).
Prevención: educación en consentimiento y transformación cultural
La prevención efectiva no depende solo de las leyes. La evidencia internacional recomienda programas de educación integral en sexualidad que incluyan consentimiento, respeto, límites y autocuidado desde la adolescencia; campañas públicas que desmantelen mitos; formación docente y políticas escolares sobre relaciones respetuosas; y programas para trabajar con varones en la deconstrucción de masculinidades violentas (UN Women; PAHO). Integrar el consentimiento en los currículos y en la cultura ciudadana es el primer paso para cambiar comportamientos.
Reformas y ejemplos prometedores en la región
La presión de organizaciones de la sociedad civil y parlamentos ha impulsado iniciativas que van desde protocolos de atención sanitaria hasta proyectos de ley que reconfiguran las definiciones de delitos sexuales. ParlAmericas y organizaciones como Equality Now promueven guías para legislar con enfoque de consentimiento y alinearse con estándares interamericanos (ParlAmericas; Equality Now). A su vez, la OEA/MESECVI ha emitido recomendaciones generales para incorporar el consentimiento en la interpretación y aplicación de las normas (OAS / MESECVI). Estas herramientas son recursos concretos para que los legisladores y operadores de justicia modernicen normas y prácticas.
La transformación que propone la centralidad del consentimiento no es meramente técnica: es política, cultural y ética. Si la ley pasa a priorizar la voluntad libre sobre la prueba de violencia física, se cambia el eje de la justicia y se respalda la autonomía sexual. Pero la letra de la ley necesita instituciones, formación, sistemas sanitarios sensibles y cambios educativos que alteren las normas culturales que hoy justifican o invisibilizan la violencia. En América Latina ese cambio ya comenzó -en parlamentos, en tribunales, en escuelas y en las calles-, pero exige aceleración, recursos y voluntad política. Defender el consentimiento es, al final, defender el derecho de cada persona a decidir sobre su cuerpo y su sexualidad sin miedo.
Bibliografía
- Organization of American States (OAS) / MESECVI. (2021). The concept of consent in cases of gender-based sexual violence: General recommendation of the MESECVI. OAS. https://www.oas.org/en/mesecvi/docs/MESECVI_CEVI_doc.267_21.ENG.RecomendacionGeneralConsentimientoSexual.XVIII%20CEVI.pdf. (OAS)
- World Health Organization (WHO). (2024). Violence against women: Key facts / Fact sheet. WHO. https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/violence-against-women. (Organización Mundial de la Salud)
- Pan American Health Organization (PAHO/WHO). (2025). Violence against women is pervasive in the Americas – New estimates show. PAHO. https://www.paho.org/en/news/19-11-2025-violence-against-women-pervasive-americas-new-estimates-show-0. (Organización Panamericana de la Salud)
- UN Women. (2019). When it comes to consent, there are no blurred lines. UN Women. https://www.unwomen.org/en/news/stories/2019/11/feature-consent-no-blurred-lines. (ONU Mujeres)
- Equality Now & ParlAmericas. (2024). Legislating on sexual violence with a consent-based approach in Latin America and the Caribbean [Brief]. Equality Now / ParlAmericas. https://equalitynow.org/resource/briefs/legislating-on-sexual-violence-with-a-consent-based-approach-in-latin-america-and-the-caribbean/. (Equality Now)
- ParlAmericas. (2025). Urgent call to reform outdated sexual violence laws in Latin America and the Caribbean. ParlAmericas. https://parlamericas.org/highlight/urgent-call-to-reform-outdated-sexual-violence-laws-in-latin-american-and-the-caribbean/. (ParlAmericas ›)
- The Guardian. (2022). Spain passes ‘only yes means yes’ sexual consent law. https://www.theguardian.com/world/2022/aug/25/spain-only-yes-means-yes-sexual-consent-bill-expected-to-become-law. (The Guardian)
- UN General Assembly / Human Rights Council. (2025). Report on consent and sexual violence (A/HRC/59/47/Add.4). United Nations. https://docs.un.org/en/A/HRC/59/47/Add.4. (Documentación de la ONU)
- UN Women. (n.d.). Facts and figures: Ending violence against women. UN Women. https://www.unwomen.org/en/articles/facts-and-figures/facts-and-figures-ending-violence-against-women. (ONU Mujeres)
- CEPAL. (2023). Femicidal Violence in Figures: Latin America and the Caribbean. CEPAL. https://oig.cepal.org/sites/default/files/s2301023_en.pdf. (Observatorio de Igualdad de Género)
- SVRI (Sexual Violence Research Initiative). (2016). Sexual violence in Latin America and the Caribbean: Desk review. SVRI. https://www.svri.org/sites/default/files/attachments/2016-04-13/SexualViolenceLACaribbean.pdf. (svri.org)




