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Rebeldía planetaria: la calle, los cuerpos y los derechos en disputa



Luis Mancera Pérez1


Hace medio siglo hubo una revuelta urbana por un cuerpo en disputa. La calle de Occidente estaba dominada por instituciones y dispositivos que controlaban -y controlan aún- toda corporalidad diversa, “rara” y torcida a través de una única cultura heterosexualizada, hegemónica, racializada, normativizada y prescrita. En pocas palabras, una calle vigilada a punto de ebullir en un gran malestar social hasta el día de hoy.

A veces, esa calle se nos ha vuelto un callejón sin salida, otras una autopista de alta velocidad, y unas cuantas pocas se ha convertido en un respiro de paz, pero sólo por un momento.

Cada mes de junio es un campo de batalla cultural, jurídica y comunicacional en el que muchas personas de diversas identidades sexuales e identidades y expresiones de género del mundo, se abalanzan para recordar y conmemorar nuestras demandas de igualdad, justicia y erradicación de la violencia.

El llamado Día Internacional del Orgullo es un día en memoria de las luchas callejeras de hombres y mujeres travetis, personas trans afro y pobres, y una oleada de lesbianas, homosexuales y queers de los barrios neoyorquinos aledaños al icónico bar Stonewall Inn del año 1969. Este grupo numeroso de seres humanos venía siendo asediado por redadas e intervenciones policiales por mucho tiempo. Al igual que venía siendo acosado por campañas de persecución, desprestigio y estigmatización social: en fin, una perenne sociedad discriminadora encima de las otredades y de su libertad.

Este año 2020, ha sido decisivo si miramos en retrospectiva hacia esa calle de Stonewall. Las agendas de demandas y peticiones continúan firmes por parte de lesbianas, gais, homosexuales, transgéneras, transgéneros, transexuales, intersexuales, queers/kuirs, subjetividades no binarias, y aliados y aliadas a las luchas mencionadas. No menos importante es este escenario planetario de la pandemia del Covid-19 para la población de personas LGBTQIA+2 en sus múltiples condiciones de las realidades que viven en cada rincón de cada país.

El confinamiento durante la cuarentena acrecienta las situaciones de acoso y hostigamiento si los grupos o personas vinculadas a la persona LGBTQIA+ no están de acuerdo con su identidad y condición de ser. Incluso, por parte de aquellos Estados que omiten e incumplen los protocolos de la Organización de Naciones Unidas que les obligan a garantizar la protección de los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales de estas personas. Aún, hoy por hoy, los Principios de Yogyakarta esperan por su debida aplicación en la legislación de los derechos humanos con relación a la orientación sexual y la identidad de género.

Por eso, la mayoría de los movimientos y organizaciones LGBTQIA+ han decidido enfilarse en el lema de la Rebeldía Sexual y de Género. Por cada país que avanza en materia de derechos e igualdad real, al menos otro país retrocede o avanza en tímidos pasos de discursos inclusivos. Esta lucha por las sexualidades y las identidades libres, diversas y respetadas es profundamente cultural y política. Si no avanzamos en una transformación de las bases de las sociedades desiguales, explotadas y regidas por prejuicios, seguiremos radicalizando cada agenda y cada demanda.

Desde la participación política y organizada, pasando por el reconocimiento legítimo de las identidades autopercibidas, de la protección de los derechos laborales, hasta la consolidación de modelos educativos plurales, inclusivos y liberadores que garanticen la sociedad igualitaria, son las aristas mayormente planteadas en la actualidad. Se han conquistados algunas demandas en algunos países como el reconocimiento de las identidades de las personas trans, el reconocimiento del matrimonio y unión civil igualitarios, la penalización severa en delitos y crímenes por razones de odio hacia las diversas sexualidades, identidades y expresiones de género.

Incluso, ha habido mayor apertura de los medios masivos de comunicación en la actualización de un lenguaje inclusivo, respetuoso y no binario. Se han impulsado campañas masivas para la protección de las y los atletas en las distintas ramas olímpicas y paraolímpicas. Se ampliado el estudio y la visibilidad de una diversidad sexual y de género con perspectiva racial, étnica, de clase y feminista, esto debido a la marcada naturaleza contestaria y de réplica de este movimiento social hacia las propias incongruencias internas.

No obstante, la lucha conjunta de las sexualidades ha radicalizado agendas que han intentado desplazar y omitir distintos polos del poder actual: la agenda trans. Hemos -me atrevo a señalarlo en primera persona plural- priorizado los reclamos históricos y las demandas urgentes de las personas trans, cediendo gran parte del debate debido a la evidente desigualdad y desatención de las y los millones de seres humanos que piden el respeto a la dignidad, el libre desenvolvimiento y del legítimo reconocimiento de la identidad de toda persona que nace en este planeta y que se percibe distinto u opuesto al sexo asignado al nacer.

Hoy por hoy, mientras leemos estas reflexiones venidas de la experiencia colectiva de lucha, mueren centenas de personas trans por razones de crímenes de odio, intolerancia y tortura.

Actualmente, incluso las organizaciones LGBTQIA+ nos hemos visto en el deber de pronunciarnos en contra de la pedofilia y de aquellos grupos que se atreven a identificarse como una sigla más de la lucha histórica de las sexualidades y de la disidencia del género. Es la pedofilia un delito grave que debe ser debidamente penalizado, dejando en claro que no es una orientación sexual, no es una causa política, tampoco una sexualidad, ni una variante de género, y rechazamos sus recientes intenciones que intentan empañar nuestras conquistas históricas. El abuso a personas menores de edad es un hecho, debemos prevenirlo, denunciarlo y penalizarlo.

Por otra parte, esta lucha de las sexualidades se ha hecho solidaria de aquellas personas por el ejercicio libre y emancipado de una heterosexualidad obligatoria y prescrita. También la heterosexualidad pasa por el debate de la deconstrucción, ¿Hasta qué punto esta orientación no es más que un gran edificio de normas sociales, etiquetas protocolares sexistas y coacciones sobre el cuerpo? ¿Hasta qué punto hay una negación del placer libre en los vínculos afectivos y políticos entre personas heterosexuales? Quienes se atreven a hurgar respuestas de estas preguntas, son las y los mayores aliados (heterosexuales o no) por un revolución sexual y del género.

No obstante, la lucha no es de color rosa ni de azules primaverales. Las personas bisexuales aún enfrentan un régimen de discriminación puertas adentro del movimiento y puertas afuera en el espacio público, ya que se sigue subestimando la satisfacción y la autodeterminación de estas personas en su orientación sexual bidireccional hacia personas de diferentes identidades de género. Como también, del profundo rechazo o invisibilización hacia las personas de orientación asexual o pansexual porque desafían, o mejor dicho, hacen visibles a los mecanismos de control del sistema patriarcal, heteronormado, sexista, explotador y profundamente binario: hombre/mujer, cultura/naturaleza, blanco/negro, “tu cuerpo es mío, no tuyo”.

En el mismo orden de ideas al cuerpo en disputa, es meritorio señalar los actuales debates e intrincadas situaciones jurídicas que han enfrentado las personas intersexuales durante mucho tiempo entre el siglo XX y el presente. El dispositivo moderno de la ciencia médica es el contrincante, dado que éste regula los cuerpos al nacer de manera binaria y evalúa -muchas veces sin consentimiento de padres, madres y familiares- intervenir quirúrgicamente aquellos genitales que “no correspondan” con los estándares establecidos, perjudicando el pleno desarrollo de quien acaba apenas de nacer. Es por ello que las organizaciones y activistas intersexuales construyen y solicitan la debida atención, respeto a la corporalidad y el acompañamiento en el desarrollo pleno de la persona intersex.

También estas luchas y agendas no solo se trabajan ni se observan estrictamente por orientaciones sexuales, ni identidades y expresiones de género, sino también por interseccionalidad3 y sectorización de necesidades.

Esta perspectiva exigirá madurez en la militancia y el activismo LGBTIQA+, ya que corresponde superar la prescrita agenda internacionalista, el propio “mercantilismo” de los monopolios del “marketing Pride Gay” y mirar hacia las especificidades continentales, regionales y locales. Por ejemplo, hay líneas de trabajo y acción con los grupos de personas de la adultez mayor o juventud prolongada; de adolescentes; de la niñez; de personas con discapacidades o diversidades funcionales; de los movimientos de los feminismos; de las negritudes, afronegritudes y/o afrodescendencias; de pueblos y comunidades indígenas; extranjería; desplazados y desplazadas por situaciones de guerra y/o desplazamiento forzoso; en fin, de una amplia gama de sectores para atender en profundidad sin ánimos de dividir o generar mayor discriminación.

Finalmente, las y los familiares (de vínculo directo o por elección en la vida) de las personas LGBTQIA+ son una de las claves fundamentales, por ahora. Su papel social y político en el apoyo afectivo, emocional, espiritual y cognoscitivo es crucial para lograr la mayoría de los objetivos de estas luchas. Una persona LGBTQIA+ respetada, amada y defendida por su círculo familiar, es posiblemente una persona salvada de las calles, plena en su reclamo político, y voz para otras y otros semejantes. La llamada “familia disfuncional” es uno de los errores más palpables del histórico sistema patriarcal y que nuestra lucha devela; he ahí la mira.

Luego de este largo camino, a veces con lluvia ligera, otras con aguaceros, el arcoíris brilla con fuerza indicando los caminos del respeto, la paz, la igualdad y, de una vez por todas, la erradicación de cualquier manifestación de la violencia y odio hacia lo otro, hacia lo torcido, hacia lo diverso, hacia quien disiente de un mundo binario y prescrito en el cual ya no encajamos ni podemos sostener las etiquetas de azul y de rosa, de blancos y negros.

Todas las vidas negras y discriminadas importan.

Aquí estamos tod*s con nuestros cuerpos, atravesad*s por el deseo, haciéndonos libres corresponsablemente en nuestros proyectos de vida, marchando juntas con nuestras cuerpas, rebeldes, disidentes, sintiendo en el corazón a las que se fueron y a las que asesinaron. Hoy les conmemoramos y les honramos.

 


1Educador e Investigador en Artes Escénicas. Activista de DDHH de las personas sexodiversas y génerodisidentes. Integrante de las organizaciones Rompiendo La Norma y Círculo Contranatura de la UCV. Creador del Proyecto @Mancerista.

2 Es la abreviación común para las personas lesbianas, Gais (Gay en singular), homosexuales (femeninas o masculinos), bisexuales, pansexuales, transgéneras y transgéneros, genderqueer, queer (visión anglosajona; cuir en traducción al español), kuir (visión descolonial del Sur), intersexuales, agéneros, asexuales, y comunidad de aliadas y aliados (personas naturales, jurídicas y comunitarias).

3El enfoque estudia y subraya la interrelación entre varias categorías construidas en el seno de la sociedad: racialidad, etnicidad, clase, género, edad, orientación sexual, discapacidad, religión, casta, nacionalidad, entre otras que impliquen el abanico de complejidades sociales estructurales.


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