El violento oficio de acompañar



Por Guillermina Soria

 

De todos mis oficios terrestres,

el violento oficio de escribir era el que más me convenía”

Rodolfo Walsh

 

 

El lugar narrativo donde la letra se convierte en acción: escribir, contar, enunciar eso que forma parte del cotidiano transcurrir de nuestros días, mediante testimonios y descripciones. Esto movido por una finalidad estética y con una intencionalidad política, es lo que produce uno de los desplazamientos de la escritura como arte, hacia la escritura como oficio.

El acompañamiento como práctica política, también experimenta un desplazamiento para configurarse como un oficio. Este oficio de acompañar, a su vez, está cargado de una violencia inconmensurable, innombrable. Esa violencia deja huellas en el cuerpo, marcas de las cuáles toca también hacerse cargo. Asumirlas de manera colectiva y militante es para mí, la mejor estrategia para enfrentar el dolor y transformarlo en mariposas.

Cuando era pequeña, mi abuela me dormía contándome leyendas de personas que se convertían en pájaros gigantes o tigres del monte. Eran historias un poco terribles, llenas de monstruos y espantos de campo. Por alguna razón mi abuela consideraba que eran una buena manera de exorcizar mi sueño de pesadillas y, la verdad, funcionaba. Escuchar historias de monstruos salidos de leyendas o de la imaginación de mi abuela era un conjuro seguro contra los malos sueños.

Desde hace casi diez años ha sido mi opción militar desde la escucha, hace tres años decidí no sólo escuchar, sino acompañar a las mujeres que decidieron compartir conmigo sus historias, esa lucha permanente por transformar su destino, por salir de la violencia que laceró sus vidas y las cambió para siempre. La opción que todas nosotras elegimos fue salir colectivamente, salvarnos juntas. Desde ese lugar nació recientemente la idea crear, junto a las mujeres que acompaño, un círculo de encuentro y diálogo, al que acudir para resguardarnos y acompañarnos mutuamente. Un espacio de contención emocional -construido fundamentalmente con herramientas de la pedagogía crítica feminista- que tiene efectos terapéuticos en quienes participan.

¿Qué se aporta con este tipo de espacios? ¿O que se pretende lograr? No mucho más de lo que se espera, por ejemplo, de la justicia. Básicamente nada. Me gustaría decir que brindan herramientas para erradicar la violencia por razones de género o, hacen un aporte en la lucha contra la violencia hacia las mujeres. Lo cierto, es que solo espero que podamos compartir nuestras experiencias junto a otras mujeres y que esto, resulte valioso para alguien más. Ahora que lo pienso bien, esta premisa es algo más que nada, en este momento para mí, es el universo entero.

El amor entre mujeres muchas veces, la mayoría de las veces, logra liberarnos del yugo patriarcal. Muchas facetas tiene el monstruo del patriarcado, desde muchos espacios se configura. La violencia contra las mujeres es uno de ellos.

El feminismo me ha brindado muchas herramientas para sanar mis heridas y para acompañar a otras mujeres en su camino. Reflexionar desde las experiencias personales para construir conjuntamente. Juntar-nos para transformar, para ayudarnos a salir de la violencia, para amar y ser amadas desde la libertad y el respeto, para valorar a las mujeres de nuestra vida. Escuchar, contar, amar, soltar y soñar, con la alegría como resguardo, con la sonrisa como escudo, con la escucha como trinchera.


Quinta Ola


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